Teresa Gil, cocinera
por vocación.
Dejó los estudios de filología Inglesa en la Universi-dad
de Zaragoza al entrar en contacto de una manera casual con el mundo de la cocina,
poco a poco se fue introduciendo a través de distintos cursos y colabo-raciones
gastronómicas siendo el cocinero guipuz-coano
Luis Irizar a
través
de sus clases la persona que le abrió los ojos y las dimensiones de la
alta cocina.
Durante varios años fue la jefe de cocina del restau-rante del
Hotel
Iturrimurri de su propiedad, donde no dejó de formarse y de participar en distintos eventos gastronómicos.
Con varias reformas, convirtió lo que fue un comedor de carretera en una
referencia gastronómica entre Vitoria, San Sebastián y Pamplona.
En el año 2000 junto a su familia adquiere el
Restaurante DON PABLO de Pamplona. Este salto le enseña a adaptar su cocina a los gustos de la ciudad. Al mismo tiempo que se estabiliza sobre las bases de la cocina tradicional Navarra, no pierde en ningún momento de vista las nuevas tendencias que van llegando de otras cocinas como la catalana y la japonesa. Además, fruto de esta convergencia estos años han pasado por su equipo jóvenes chefs israelitas, japoneses o argentinos entre otros.
Después del periodo de adaptación,
la cocina del Don Pablo, de la mano de Teresa,
comienza a destacar por su perfecto conocimiento de las materias primas de cada temporada, las verduras con su punto de cocción, las setas de primavera, solas, las de otoño, con gambas, los hongos, salteados, los pescados, desde chipirones en su tinta hasta el escurridizo pez de San Pedro con salsa de cebolla, clientes asiduos a su bacalao ajoarriero y otros de temporada para las lubinas o los rodaballos.
En el capítulo carnes una de sus últimas incorporaciones es la
ternera de Navarra con verduritas salteadas, aunque tampoco se quedan atrás las manitas de cerdo rellenas de setas o los productos de temporada como la paloma, la becada o la perdiz escabechada.
Para Teresa
los postres representan
el mejor recuerdo de una buena comida y por eso sus creaciones son innovadoras en formas, colores y texturas utilizando los más variados productos, desde la manzana hasta el coco, desde la leche hasta el queso sin olvidar los distintos chocolates merengues y sorbetes. Quizás el punto que más fama le ha reportado en estos dos último años a Teresa Gil han sido la
cocina en miniatura y los pinchos, pequeños platos de alta cocina y cocina tradicional diseñados para degustarlos en pequeñas porciones sin perder un ápice de creatividad y presentación. Sus creaciones han sido
premiadas cada año desde el 2001 en los certámenes de
la semana del pincho de Pamplona, lo que le ha valido la
invitación como ponente en el apartado de pinchos y tapas del “
Congreso Lo mejor de la gastronomía” dos años consecutivos celebrado en
San Sebastián en el mes de Noviembre.